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Al borde de la crisis humanitaria, en Afganistán «no hay infancia»

19 Noviembre 2021

Unos 22,8 millones de afganos sufren inseguridad alimentaria; 14 millones son niños. Con un sistema sanitario deficiente, educación endeble, sequías, malas cosechas, el frío del invierno y la pérdida de fuentes de ingresos, como los salarios de las mujeres obligadas por el gobierno talibán a quedarse en casa, la desesperación se apodera de muchas familias afganas.

Durante más de 70 años, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) ha estado presente en todo Afganistán, incluso cuando los talibanes se hicieron con el poder durante el verano pasado.

Noticias ONU habló con Samantha Mort, jefa de Comunicación, Promoción y Compromiso Cívico de UNICEF en Afganistán, quien aseguró que todas las oficinas siguen abiertas y los almacenes llenos.

Unos 22,8 millones de personas en ese país enfrentan a la inseguridad alimentaria, apunta Mort, y añade que no pueden acceder a alimentos asequibles o nutritivos. 

De los 38 millones de personas que viven en Afganistán, unos 14 millones de niños sufren inseguridad alimentaria.

Para Mort «no hay infancia» hoy en día en Afganistán. «Todo consiste en sobrevivir y conseguir llegar al día siguiente».

La jefa de comunicación de UNICEF en Afganistán, Sam Mort, interactúa con un niño en una sala de tratamiento de la desnutrición del Hospital Infantil Indira Gandhi de Kabul, en Afganistán.

© UNICEF/Omid Fazel
La jefa de comunicación de UNICEF en Afganistán, Sam Mort, interactúa con un niño en una sala de tratamiento de la desnutrición del Hospital Infantil Indira Gandhi de Kabul, en Afganistán.

“La tormenta perfecta”

Mort pinta un panorama sombrío de familias empobrecidas en las que los padres no hacen tres comidas al día, las raciones disminuyen y la gente se levanta día tras día sin saber de dónde vendrá su próximo alimento.

«Ese es el nivel de inseguridad alimentaria», dijo la responsable de UNICEF. 

Exacerbada por la sequía, una mala cosecha y el aumento de los precios de los alimentos, se refirió a la crisis inminente como «la tormenta perfecta en Afganistán».  

Además, matizó que, si el invierno que comienza ahora es típicamente gélido, la nieve aislará las zonas rurales de las montañas, agravando aún más la situación de esas comunidades.

«UNICEF está muy, muy preocupado porque lo que estamos viendo. Hay alrededor de 3,2 millones de niños con desnutrición aguda y 1,1 millones corren el riesgo de morir a causa de la desnutrición severa y aguda a menos que intervengamos con tratamientos», advirtió. 

Las cifras en los hospitales 

La semana pasada, Mort visitó clínicas de salud en la parte occidental del país. 

En una de ellas, el médico compartió los registros de su clínica que mostraban un aumento del 50% de los casos de desnutrición grave, mientras que en otra clínica el aumento era del 30%. 

A pesar de este incremento, Mort aclara que la crisis no arrancó el 15 de agosto, sino que el país ya padecía algún tipo de inseguridad o conflicto desde hace 40 años. 

«Sin embargo, debido a la sequía…, la mala cosecha…, el aumento de los precios de los alimentos, y a que a muchas mujeres se les ha pedido que se queden en casa desde el 15 de agosto, muchas familias han perdido sus principales fuentes de ingresos», explicó.  

Parwana sufre desnutrición aguda severa, donde las necesidades de nutrición de los niños también han aumentado a raíz de los acontecimientos recientes en Afganistán.

© UNICEF
Parwana sufre desnutrición aguda severa, donde las necesidades de nutrición de los niños también han aumentado a raíz de los acontecimientos recientes en Afganistán.

La historia de una familia, la de tantas otras

La responsable de comunicación de la agencia recuerda la historia de una madre con un bebé gravemente desnutrido. Al preguntar si amamantaba al bebé, la mujer respondió que, a pesar de intentarlo, no tenía leche. Uno de los médicos le preguntó si comía y ella respondió que la mayoría de los días sólo bebía un vaso de té negro con un trozo de pan.

«No es raro que no pueda dar el pecho si ella misma está desnutrida. Y creo que es una historia que se repite en todo el país», dijo la funcionaria de UNICEF. 

Esa misma madre llevó a su hija de cuatro años, que vestía un abrigo que le iba demasiado grande.  

«Lo que se espera de una niña de cuatro años es que mire a su alrededor y sienta curiosidad por los extraños que hay en la habitación. Esta pequeña se sentó apoyada en su chaqueta en la misma postura que su madre la había dejado. Y se quedó mirando al suelo. Cabizbaja. No tenía energía», recuerda Mort. 

UNICEF prevé que las reservas de alimentos se agotarán a mitad del invierno, Samantha Mort

Cuando le quitaron el abrigo a la niña, su bracito «no era más grueso que el palo de una escoba» y estaba tan desnutrida que se le caía el pelo y tenía las mejillas hundidas. Pesaba apenas unos 6 kilos. 

«La desnutrición severa y aguda significa que puedes morir si no recibes tratamiento, es decir que si no damos tratamiento [esos niños], morirán«, dijo Mort.

Sam Mort, la jefa de comunicación de UNICEF en Afganistán, junto a un niño en un hospital de Kabul, la capital del país.

© UNICEF/Omid Fazel
Sam Mort, la jefa de comunicación de UNICEF en Afganistán, junto a un niño en un hospital de Kabul, la capital del país.

Redoblar los esfuerzos

Debido a las sequías, las escasas cosechas resultantes y el aumento de los precios, UNICEF prevé que las reservas de alimentos se agotarán a mitad del invierno. 

El Fondo para la Infancia está duplicando el número de consejeros nutricionales y equipos móviles de salud y nutrición para llegar a las comunidades rurales y ayudar a los niños más vulnerables.

Mort destacó que los consejeros de nutrición suelen ser trabajadores locales precisamente para que las comunidades confíen en ellos. 

«Son muy apasionados… tienen mucha energía y… son una inspiración», explicó, subrayando las interacciones positivas que se dan entre los consejeros y las madres que acuden a los centros de UNICEF en busca de ayuda.

 «Aportan soluciones creativas. Utilizan lo que tienen a mano en la propia la comunidad. Comparten recursos», detalló. 

Estos profesionales suelen ser también mujeres jóvenes y con estudios. Mort recuerda especialmente a una doctora de 34 años que dirigía un centro médico con 20 empleados, 18 de los cuales eran mujeres.

A la doctora le pareció «tremendamente edificante ver a mujeres profesionales jóvenes trabajando en Afganistán… con todos los desafíos a los que se tienen que enfrentar», recordando que «no dejaban de hablar de su trabajo, de sus pacientes».

A Fátima, de dos años de edad, le hacen una prueba sobre su estado nutricional en el centro de salud de Bab-e-Bargh, que cuenta con el apoyo de UNICEF en la clínica de salud más grande de la ciudad de Herat, en Afganistán.

© UNICEF/Sayed Bidel
A Fátima, de dos años de edad, le hacen una prueba sobre su estado nutricional en el centro de salud de Bab-e-Bargh, que cuenta con el apoyo de UNICEF en la clínica de salud más grande de la ciudad de Herat, en Afganistán.

Futuro incierto

Durante sus diversas visitas a Afganistán, Mort ha visto sobre todo mucha incertidumbre entre la población.

«Creo que la gente está insegura, no sabe qué le deparará el invierno, qué van a hacer las autoridades de facto. No saben si la comunidad internacional entregará esas ayudas para que el sistema sanitario y el sistema educativo puedan recuperarse. Da la sensación de que todo el mundo se encuentra en una especie de modo de espera», señaló. 

Para ella, es «absolutamente crucial» que la comunidad internacional entienda que Afganistán está al borde de una crisis humanitaria. 

«No es el momento de hacer política. La gente en Afganistán está muriendo y necesita nuestro apoyo. La ayuda humanitaria es la última expresión de la solidaridad humana«, recalcó. 

«Cuando no tienes nada… pasas necesidades… te sientes olvidado… [y] no sabes de dónde vendrá tu próxima comida, y la ayuda humanitaria toca a tu puerta, te das cuenta de que formas parte de una familia mucho más grande».  

Sector sanitario en crisis

Mort recuerda una conversación que mantuvo la semana pasada con el director del hospital infantil Indira Gandhi de Kabul, quien le contó que a veces tiene hasta tres bebés en una sola cama, porque muchas de los centros médicos del distrito y regionales ya no funcionan.

Los habitantes de las zonas rurales se ven obligados a llevar a sus bebés a la capital, pero la pobreza limita su capacidad de viajar, y muchos retrasan tanto esa visita que cuando finalmente van a la ciudad, sus hijos han enfermado gravemente. 

Si los niños no van a la escuela, es más probable que sean reclutados por un grupo armado, que caigan en el matrimonio infantil o sean explotados, Samantha Mort

«Es demasiado tarde. Y mueren porque las familias no tuvieron dinero para traerlos antes. Vemos como las familias se desesperan cada vez más», lamenta. 

UNICEF ha observado un aumento entre las familias afganas de lo que se conoce como «mecanismos negativos para afrontar la situación»: la desesperación hace que la gente haga cosas que normalmente ni se plantearía, como sacar a un niño de la escuela, forzar a sus hijas al matrimonio infantil o incluso vender bebés de tan sólo seis meses. 

En el Afganistán, el UNICEF trabaja en la matriculación y la retención de los niños más vulnerables, especialmente los que no asisten a la escuela y las niñas.

@ UNICEF/Rezayee
En el Afganistán, el UNICEF trabaja en la matriculación y la retención de los niños más vulnerables, especialmente los que no asisten a la escuela y las niñas.

Educación para las niñas

Mort denunció que hasta este momento, las adolescentes no han sido llamadas a volver a la escuela en Afganistán.

“Tenemos alrededor de un millón de niñas en edad escolar de educación secundaria sentadas en casa, a las que se le niega su derecho a la educación”, enfatizó.

“Queremos ver a todos los niños en la escuela. Si los niños no van a la escuela, tienen más probabilidades de ser reclutados por un grupo armado, de contraer un matrimonio precoz o de ser explotados de alguna manera”.

Dependencia de la ayuda exterior

La economía afgana ya dependía en un 70% de la ayuda internacional antes de la toma del poder por los talibanes. Ahora, esa asistencia es todavía más urgente.

“Con esa ayuda congelada, los trabajadores sanitarios y los profesores no están cobrando. Cuando visualizamos un país sin un sistema educativo y sanitario que funcione, entendemos lo rápido que puede derrumbarse todo”, puntualizó.

En Afganistán no hay infancia. La Convención sobre los Derechos del Niño, estipula claramente que los niños deben tener derecho a la infancia.

La semana pasada, Mort visitó una escuela de niñas que nunca habían recibido educación

Cuando les preguntó si tenían algún mensaje para compartir con el mundo, una niña de siete años alzó su mano y dijo «por favor, por favor, UNICEF, mantén la paz en Afganistán para que podamos ir a la escuela».

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