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La primera hambruna del cambio climático se desata en Madagascar

2 Noviembre 2021

En total, unos 1,3 millones de malgaches sufren en distintos grados por la grave carestía de alimentos. Varías sequías consecutivas en los últimos cinco años, un nuevo fenómeno de tormentas de arena probablemente causado por la erosión del suelo y la deforestación de los últimos 20 a 30 años se han aliado junto con la pandemia de COVID-19 para crear una tormenta perfecta que ha impedido al país cultivar y recoger las cosechas.

La sequía más intensa que vive Madagascar desde hace 40 años, junto con otros fenómenos medioambientales provocados por el hombre, ha desatado la que el Programa Mundial de Alimentos considera “primera hambruna del cambio climático”.

«Tenemos algunos focos de fase 5 de la Clasificación Integrada de Seguridad Alimentaria, lo que significa condiciones similares a la hambruna. Esta es básicamente la única, quizá la primera, hambruna por el cambio climático en la tierra», dijo Arduino Mangoni, director adjunto del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en Madagascar.

Tras una reciente y «desgarradora» visita a un centro de nutrición de emergencia en el sur del país, el funcionario de la agencia de la ONU dijo que se había encontrado con «el silencio y la falta de alegría”: niños mirándote fijamente y hechos realmente de piel y huesos.

«He estado trabajando con el Programa en varios países de este continente, en varias emergencias, incluyendo la República Democrática del Congo, la República Centroafricana, en Darfur, y nunca he visto a los niños en la situación en la que estos se encuentran».

Los residentes de las comunidades afectadas por la sequía de Ifotaka, en el sur de Madagascar, recogen la ayuda alimentaria que proporciona el Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA).

© PMA/Tsiory Andriantsoarana
Los residentes de las comunidades afectadas por la sequía de Ifotaka, en el sur de Madagascar, recogen la ayuda alimentaria que proporciona el Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA).

La peor sequía que se recuerda

En declaraciones a los periodistas en Ginebra a través de Zoom, Mangoni explicó que la región se ha visto afectada por la sequía más intensa de los últimos 40 años. «Las personas mayores a las que asistimos en el sur, no dejan de decirnos que este es el fenómeno más grave —el Kéré, lo llaman— desde 1981″, dijo.

En total, unos 1,3 millones de malgaches sufren en distinto pero alto grado por la carestía de alimentos. Todo ellos entran en las fases 3, 4 y 5 de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria, según los últimos datos disponibles de abril. Las próximas previsiones se publicarán a finales de año.

El número de personas en fase 3 y superior, alrededor de 1,3 millones, es ahora mayor que en 2016, durante la crisis que desencadenó el fenómeno meteorológico de El Niño, continuó el funcionario de la agencia, señalando que, de hecho, había poca diferencia entre las categorías de 3 a 5.

«Si miramos las previsiones para los próximos meses, la situación es muy alarmante», dijo, señalando que las tendencias desde el año pasado han subido.

«Así, si sólo nos fijamos en la categoría 4, alrededor de 200.000 personas (estaban) en esta categoría en el último trimestre del año pasado. Ahora, tenemos alrededor de medio millón; con una previsión de personas en la fase 5 también de alrededor de 30.000, de aquí a finales de año, cuando los nuevos resultados de la clasificación estén disponibles», explicó el técnico.

Una hambruna consecuencia del clima

A diferencia de las otras hambrunas en Yemen, Sudán del Sur y Etiopía, que son provocadas por los conflictos, la crisis de Madagascar es probablemente el resultado de factores climáticos devastadores, señaló el funcionario del programa de alimentos.

«Tenemos algunos fenómenos agudos, como… sequías consecutivas en los últimos cinco años, un nuevo fenómeno de tormentas de arena probablemente causado por la erosión del suelo, la deforestación de los últimos 20 a 30 años y después, por supuesto, las consecuencias, y los efectos del COVID-19«, indicó.

Debido al impacto de la pandemia en el turismo y las cadenas de suministro, los aldeanos que habían buscado antes trabajo en las ciudades durante las épocas de escasez, se han quedado sin esta alternativa, dijo Mangoni.

Aumento del precio de los alimentos y del agua

La gente también ha agotado sus técnicas habituales de supervivencia, como la venta de sus utensilios de cocina: «Tenemos precios altos, la inflación es asombrosa, sobre todo en los precios de los alimentos, incluida el agua», añadió. «Y también sufrimos inseguridad, hay un nuevo fenómeno llamado dahalo, los bandidos que asolan la zona».

Según el Programa Mundial de Alimentos, se cree que unos 500.000 menores de cinco años están desnutridos; se estima que 110.000 de ellos sufrirán desnutrición grave de aquí a abril de 2022.

«Estos son los niños que corren el riesgo de morir si no reciben apoyo», dijo Mangoni, añadiendo que medir los efectos de la hambruna en los bebés muy pequeños es complicado, ya que a menudo no se registran las muertes en los menores de seis meses.

Para ayudar a los más necesitados, el PMA ya ha ampliado los programas de racionamiento y nutrición; también tiene previsto llegar a más de un millón de personas en fase de emergencia 3 a 5 a partir de diciembre, que es el momento álgido de la temporada de escasez; «hasta la próxima buena cosecha», que se espera que llegue en abril de 2022.

Para proporcionar esta ayuda de emergencia durante los próximos seis meses, la agencia ha solicitado 69 millones de dólares.

 

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